Gracias, soñadores

Gracias, soñadores, los que soñaron por nosotros, fallaron por nosotros y tuvieron éxito por nosotros.

Nosotros deberíamos estar agradecidos a las mujeres y hombres que pusieron todo su esfuerzo para convertirse en emprendedores basandose en su visión de algo especial. Usualmente ellos empiezan con una convicción INGENUA de que sus sueños, visiones, y éxitos no se verán obstaculizados por los fracasos y contratiempos, independientemente de las consecuencias personales de lo mucho que caigan o fracasen en el camino.

No debemos sentirnos celosos de las personas que triunfan porque siguen sus sueños y tienen éxito; por el contrario, debemos agradecerles que nos muestren que es posible marcar la diferencia. Todos nos beneficiamos de alguna manera de las grandes cosas que sueñan y crean los soñadores.

“Todo lo que intenté en mi vida -y para que quede claro aquí, tuve más reveses, fracasos dolorosos y serias dudas de las que me importa mencionar o recordar- fue directa o indirectamente inspirado por esos soñadores a los que veía como una fuente de inspiración de que tal vez yo también podía hacer y lograr lo que ellos hicieron. Era demasiado inmaduro o demasiado joven para ver que lo que admiraba en esos empresarios o hacedores , era sobre todo que eran grandes soñadores.

Los empresarios soñadores de los que hablo pueden inspirar a su gente -sin ellos ningún sueño puede cumplir su potencial- a seguir sus sueños y, lo que es más importante, a ayudar a que los sueños cobren vida. No hablo de liderazgo, sino del combustible que hace que esas personas emprendedoras quieran marcar la diferencia y cambiar el statu quo contra todo pronóstico.

Todos los empresarios deberían hablar de sus sueños y de su viaje, independientemente de su éxito, para inspirar a otros a vivir también sus sueños. No basta con que vivamos nuestros sueños; es nuestra responsabilidad tratar de inspirar a otros y, lo que es más importante, ayudar a otros a tratar de cumplir sus sueños y visiones. En el proceso ayudaremos a esos soñadores inspirados a lidiar mejor con los fracasos y los contratiempos y a aumentar su probabilidad de cumplir sus sueños, de los que luego todos podremos participar mágicamente.

Siempre me recuerdo a mí mismo y le digo a cualquiera que me escuche que el fracaso y los contratiempos son el precio que debemos pagar para tener éxito. Siempre hay un precio que pagar, como nuestro tiempo, compromiso o sacrificios personales. La cuestión es si deseamos tanto algo que estamos dispuestos a pagar por ello.

Si no podemos o no queremos pagar el precio para vivir nuestro sueño, entonces recuerda que debemos intentar ayudar a otros a tener éxito con su sueño. Entonces nos convertiremos en parte de su sueño que cobró vida porque pusimos de nuestra parte para crear magia a partir de un pensamiento que empezó tan pequeño.

Creo con todo mi corazón que es un sueño que vale la pena soñar.”